domingo, 22 de mayo de 2011

LO QUE LE FALTABA AL POLITÉCNICO


Un hombre influyó también en aquel glamoroso triunfo de los burros Blancos de 1945, cuando ya estaban bajo la guía del Reverendo Padre Lambert, fue el Coach del Politécnico: Salvador 'Sapo' Mendiola. Hay que darle a cada quien lo que le corresponde. En esto debemos ser siempre justos.

Salvador 'Sapo' Mendiola

El 'Sapo' Mendiola, con su gran pasión por el fútbol, había forjado grandes jugadores y había presentado en los torneos conjuntos de mucho colorido y jugando buen fútbol. Pero desgraciadamente, las cosas al final no le salían bien; faltaba algo. Era muy común ver durante las temporadas anteriores a la llegada del Padre Lambert, la misma historia, la misma fórmula con sus muchachos del Politécnico: Un comienzo de espanto, una potencialidad extraordinaria en los primeros partidos, al final, el rotundo fracaso, la impotencia, especialmente cuando se enfrentaban a la Universidad.

Cuando llegó el padre Lambert, tenía en el equipo que iba a dirigir, buen material humano que había salido de las manos del 'Sapo' Mendiola. Pero ese algo que le faltaba al Poli que le impedía coronarse como monarca del fútbol, vino a dárselo el Padre. Ese 'algo', eran: confianza en los jugadores y un espíritu más elevado de deportivismo.

Después de ese gran triunfo de 1945, el Padre Lambert vino a ser un miembro imprescindible de la familia que constituía nuestro fútbol. Siempre fueron muy tomadas en cuenta sus observaciones y sus sugerencias. A el se le atribuye la implantación de las actuales reglas de elegibilidad.

La vida en el Colegio Tepeyac se iba sucediendo con toda normalidad. El Padre tenía además un puesto de carácter administrativo dentro de la Escuela. Comenzaba a ser el personaje más popular entre los alumnos e inclusive había ya muchos que por el Padre eran simpatizadores acérrimos del Politécnico. No se diga de las venerables religiosas y de los otros padres que estaban en el colegio, pues para ellos no había otro equipo que el de los 'Burros Blancos', aunque no supieran ni en donde se hallaba la institución a la que pertenecían. Todo era por cariño al Padre, que como hombre y sacerdote se hacía querer por todos, por su simpatía, su magnífico humor y su caballerosidad.

En aquel tiempo, el Colegio del Tepeyac tenía dos departamentos, el de varones y el de mujeres, los maestros éramos los mismos para dichas secciones. Una vez, en uno de los recreos, estaba platicando con nosotros el Padre Lambert. Nos encontrábamos en el patio de las muchachas, cuando de repente se acercan tres chiquillas como de quince años, y una de ellas, la más simpática y atrevida a la vez, le dijo: - tomando en cuenta que el padre sabia muy poco español – 'Padre, es usted un mango'. No pudimos contener la risa, aunque debíamos aparentar sorpresa. El Padre, nos miró, interrogaba con la mirada, y de la manera más natural y tranquila nos preguntó: ¿qué es un mango? Y antes que le explicara, las muchachas corrieron a mezclarse con las que estaban jugando en el campo de recreo.

La apostura y buen presencia del padre Lambert le acarrearon muchas veces y en todas partes situaciones muy comprometedoras. Con frecuencia oíamos estas exclamaciones femeninas ¡Que Padre tan padre!, ¿Con este Padre si me vuelvo santa!, etc. etc. Y el Padre Lambert, que bien se daba cuenta de muchas de estas cosas, aunque no las entendiera, las tomaba despreocupadamente, sonreía y jamás volvía a acordarse de ellas.

En 1946, que fue el año en que regreso a Atchison, Kansas fueron dos las causas que lo orillaron a dejar México. La primera es que quería hacerse monje Trapense, es decir quería pasar a una Orden religiosa de más estricta disciplina. La Trapa, como en todo mundo se le conoce, es una derivación de la Orden de los Benedictinos que sigue más estrictamente las primitivas reglas que impusiera su fundador San Benito. Los trapenses no hablan y se imponen muchas privaciones. La segunda causa fue que su Abad lo solicitaba. Ante todo estaba la obediencia del religioso.

Cuando se supo de su viaje de retorno a los Estados Unidos, hubo un gran número de peticiones que llegaron hasta su Abad para que lo dejara aquí. Pero todo fue inútil. Naturalmente los que más sintieron el viaje fueron los muchachos del Politécnico, ellos también hicieron hasta lo imposible para retenerlo, pero nada se logró.

Ante esto no les quedo a los del Politécnico sino conformarse y organizaron en honor del Padre Lambert una cena de despedida. Esta se efectuó el mismo día en que iba a partir, en la misma casa donde el Padre vivía, en la casa de don Emilio Lanzagorta en la Colonia Lindavista. Como es de suponer, no podíamos faltar. Ahí nos congregamos sus amigos y sus jugadores y otro Padre Andrés Saldaña, mexicano que quiere mucho al Padre Lambert y que ahora también se encuentra en Atchison. Este Padre mexicano fue manager del equipo 'guinda y blanco'.

Pues bien, aquella cena fue memorable y es otra de las cosas que guardamos muy dentro de nuestro corazón y que seguramente ninguno de los que estuvimos presentes habremos olvidado.

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