domingo, 22 de mayo de 2011

Y SE FUE SOLO…


Hemos pretendido esbozar la vida ejemplar del Reverendo Padre Lambert J. Dehner O.S.B en los años en que estuvo con nosotros. No nos ha movido ningún otro interés que no haya sido el de rendir una prueba de admiración y de gratitud al sacerdote, al coach, al amigo, que tanto bien hiciera a todos como religioso, como maestro y deportista, durante su permanencia en México y que ahora se encuentra allá en los Estados Unidos, víctima de grave enfermedad.



Su paso por México ha quedado íntimamente vinculado a nuestra juventud, principalmente la que ama el deporte y las buenas morales costumbres. Los millares de aficionados que llenaron los estadios en los juegos de futbol americano, son testigos de lo que significó la labor del padre lamber entre nosotros: cariño a México y a su juventud. Por medio del deporte, abrió brechas para que los jóvenes obtuviesen también otra clase de lauros: dignidad humana, responsabilidad y decencia. Los campos de entrenamiento y los de los estadios fueron los mejores lugares para ejercer su apostolado, porque hay que tomar en cuenta que antes que coach, fue siempre sacerdote. A la juventud hay que seguirla a donde vaya, si se quiere hacer algo por ella.



En 1950 se rompieron puertas, ventanas, rejas del Estadio olímpico, por el afán de todos de no quedarse sin ver al famoso escuadrón de los Burros Blancos del Padre Lambert, en su choque tradicional con su rival de siempre: Universidad. Jamás se había visto cosa igual. Ese día se rompieron todos los records de asistencia a espectáculo alguno. La victoria correspondió al Politécnico por 39-26 en un gran juego.



En 1951 la asistencia fue también imponente. En esa ocasión fue necesario madrugar y esperar horas y horas con el fin de ver el gran 'Clásico'. Los muchachos del Padre Lambert entraron a la cancha con 16 triunfos consecutivos, realizados en una sensacional campaña, como hemos dicho anteriormente. Y fue esa excesiva confianza la que origino que los Pumas universitarios los desplazaran en la anotación más alta que registra la historia de los juegos entre Politécnicos y Universitarios 43-0.



El Padre Lambert fue el más sorprendido de todos. Estaba consternado. Nunca lo habíamos visto tan triste y preocupado. Había que empezar de nuevo. Y como hombre responsable se puso a trabajar de inmediato para levantar la moral de sus muchachos, hecha pedazos como era de suponerse. Buscó lo que consideró más adecuado y levantó al equipo a alturas insospechadas.



Ese juego de 1952, en el Estadio de la Ciudad Universitaria en el que miles de aficionados se quedaron sin entrar, ha sido uno de los más emotivos, técnicos y de gran futbol que hayamos visto en nuestra vida. En honor a la verdad, el dominio fue claro y contundente, de los Burros Blancos del Padre Lambert, fue la demostración evidente de su gran calidad de coach. ¡Como lo admiramos ese día!



El resultado todos lo saben. Cuando las tribunas politécnicas estaban ya saboreando la victoria conquistada a ley, vino la jugada increíble universitaria en los últimos minutos, y les arrebató el triunfo a los Polis, por la mínima diferencia de 20-19.







Pero nadie sabía lo que el Padre Lambert estaba sufriendo, y menos lo que le había costado esa temporada. Una serie de sufrimientos físicos que lo extenuaban. Después de ese juego inolvidable, el Clásico de 52, tuvo que irse a la cama, víctima de la enfermedad que lo había estado minando. Luchó contra el infortunio. Lucha gallarda la suya, y silenciosa, sin perder jamás su buen humor, sin decir a nadie que estaba enfermo.



Todavía ese año 1952 preparaba todo lo concerniente a su equipo, para esta conferencia de 53, con tal entusiasmo, con tal diligencia, como si hubiera sido la primera vez que lo hiciera y como si no tuviera nada. Desde aquel momento en que nos relató que su mal era muy serio, estuvimos más cerca de él. En los ratos libres platicábamos. Nos suplicaba que no dijéramos nada. Nunca lo vimos pesimista, ni preocupado. Seguía riendo y bromeando. Nadie hubiera afirmado al verlo con esa apariencia saludable, que estuviera tan enfermo.



Con mucha frecuencia estuvimos juntos en los juegos de la pasada liga intermedia, hacíamos bromas y apostábamos para divertirnos. Y fue precisamente en el est6adio en donde nos despedimos, el sábado 25 de abril en el descanso de la primera mitad del juego entre el Poli Blanco y el Colegio Militar. No quiso precisar la hora en que iba a salir al día siguiente, pero no insistimos porque sabíamos que deseaba marcharse sin que nadie lo supiera.



Por nuestra parte, cumplimos nuestra palabra de no decir nada hasta que él lo autorizase, iba a los Estados Unidos con la esperanza de que los médicos de Rochester, le dieran informes más alentadores sobre su enfermedad, pero desgraciadamente no ha sido así. Esperamos con todas las fuerzas de nuestro corazón que esta ausencia sea nadamás temporal, que ojala muy pronto volvamos a tener entre nosotros al Padre Lambert, para que su obra continúe produciendo frutos magníficos.



Como decíamos, ante todo fue el sacerdote que por medio del deporte alentó entre la juventud mexicana el espíritu cristiano, con su ejemplo y su amistad. Como Coach, como entrenador del Politécnico realizó la meritoria labor de encumbrar el futbol americano y ayudó poderosamente a la misma dignificación de este deporte. Como amigo fue inmejorable compañero, siempre tuvo y tiene desde luego la palabra suave y justa para alentar a quien le pide un consejo o necesita recibirlo. Como estas líneas han de llegar a usted Padre, sepa que estamos consternados por su enfermedad y que rogamos a Dios por que se alivie. No lo olvidamos y tenga por seguro que usted tiene un sitio predilecto en el corazón de miles de mexicanos.

Junio de 1953.

0 comentarios:

Publicar un comentario en la entrada